22 de diciembre de 2021, Universidad ISEP

Competencias esenciales de un consultor organizacional

El consultor organizacional debe ser un investigador aplicado, agente de cambio, educador, líder efectivo y estratega

Por Aleida Escalona

La consultoría se ha convertido en un prestigioso servicio de ayuda profesional, del cual se valen los gerentes para superar situaciones que dificultan el buen desarrollo de su organización, repercuten en su rendimiento y en los niveles de satisfacción colectivos e individuales. 

La consultoría y el cambio

La consultoría es un servicio de ayuda profesional basado en un conjunto de esfuerzos planificados, que permiten dirigir y consolidar el cambio organizacional

El proceso de cambio, de acuerdo con lo que plantea Lewin (1968, citado por Collerette y Delisle, 2001), implica tres fases: Descristalización (o descongelamiento), movimiento y recristalización (o recongelamiento). La primera fase se corresponde con el desvanecimiento de las pautas de comportamiento establecidas, por medio de la concientización de las acciones, por las propias personas involucradas, que luego se ven inmersas en una situación de insatisfacción (inseguridad y ansiedad), que les exige nueva información para continuar el aprendizaje: se produce una apertura al cambio

La segunda fase, el movimiento, es la transición hacia la adquisición de nuevas pautas de comportamiento. Esta fase requiere del abandono de conductas y actitudes y la adquisición de otras nuevas.

La tercera y última fase, la recristalización, implica la interiorización o institucionalización del cambio. Aunque la consultoría adquiere mayor relieve en la fase de movimiento; necesita de la descristalización no solo porque es el requisito inicial para la intervención sino que, además, su análisis permite obtener la información que facilite el diagnóstico y la planificación de todo el proceso de intervención, y por último la evaluación del mismo. (Audirac et al., 2013). 

El consultor actúa en las fases de movimiento y recristalización, creando las condiciones necesarias para que progresivamente se abandonen pautas de comportamiento y se adquieran otras que permitan cambiar una situación que produce insatisfacción

Competencias esenciales del consultor

Las complejas implicaciones de un proceso de cambio, norte de la consultoría, constituyen un escenario adecuado para preguntarse, cuáles serían las competencias esenciales de un consultor para lograr ese cambio. A continuación, algunas de esas competencias:

Investigador aplicado

El consultor debe ser un investigador aplicado: una persona que estudia, actualiza sus conocimientos y mejora sus habilidades, para actuar con propiedad en las distintas etapas del proceso de consultoría

Es importante que el consultor sea un investigador aplicado porque el conocimiento es un requisito básico para comprender la situación y sustentar las acciones con miras a superar la dificultad que afecta a la organización cliente. El consultor es una persona calificada que domina la teoría y la vincula con la práctica, en todo momento.

Durante el proceso de consultoría, el consultor se encuentra en una constante búsqueda de información, que le permite obtener una visión de la organización cliente y la determinación de debilidades, fortalezas, oportunidades y amenazas. El saber qué buscar y cómo buscarlo, demanda sin duda una preparación. Debe ser capaz de abstraer información relevante, comprenderla desde unas bases teóricas y actuar con propiedad, es decir, bajo el dominio práctico de distintas estrategias y tácticas para facilitar el cambio. Por lo tanto, el consultor debe ser creativo, flexible y capaz de contextualizar y adaptar las técnicas, a las situaciones particulares de cada organización.

Por otro lado, el consultor debe ser capaz de dar respuestas a demandas de la organización que impliquen, por ejemplo, el uso de los avances en un área concreta. No es exagerado decir que el consultor debe estar preparado para todo. Esa preparación es la base para lograr el cambio a través de un proceso esencialmente educativo.

Agente de cambio

Existe, sin duda, una interrelación entre la organización y las personas que laboran en ella y en esas complejas relaciones. El consultor debe ser capaz de dirigir diversas situaciones de cambio que impliquen modificaciones en distintos niveles: conocimientos, actitudes y comportamientos, tanto individuales como organizacionales, hasta que esas modificaciones sean sostenibles en el tiempo. La educación es una vía adecuada para ello.

Educador

El consultor siempre será un educador, en tanto que es una persona que constantemente enseña y aprende. 

Independientemente de su profesión y de las tareas a cumplir, el consultor de procesos siempre actuará como un promotor de cambio, que aplica sus conocimientos sustantivos para resolver situaciones que afectan a la organización, con la firme participación de sus miembros. Por lo tanto, siempre se encuentra inmerso en un proceso de aprendizaje-enseñanza: se forma mientras forma a otros, reflexiona y hace reflexionar a otros sobre su propia práctica. Es la estrategia adecuada para que los cambios sean sostenibles en el tiempo.

Líder efectivo

El consultor debe ser un líder efectivo: una persona capaz de dirigir y afianzar el cambio en la organización, basado en su capacidad para convencer y su ética profesional, las cuales le permitirán ir reduciendo progresivamente la resistencia.

La consultoría es un servicio temporal para el cual se emplean recursos escasos. En este contexto, el consultor que sea merecedor del reconocimiento de los miembros de la organización y logre mostrarse como una líder ⎯por el respeto y la empatía en la cual basa sus actuaciones⎯ tendrá el camino abonado para que esas personas acepten con confianza las propuestas de cambio y sean capaces de transformar esas propuestas en acciones individuales y colectivas a través de un cambio participativo. El cambio será posible y los recursos se habrán invertido correctamente.

Si el consultor no es asumido como un líder entre los miembros de la organización, sus propuestas y su trabajo en general será en vano, puesto que actuará como una autoridad externa, imponiendo un cambio coercitivo, que finalmente no logrará sostenerse en el tiempo.

Estratega

El consultor debe ser un estratega: una persona capaz de manejarse entre un conjunto de técnicas y actividades que le permitan conseguir un determinado objetivo.

El consultor trabaja bajo una especie de incertidumbre, que requiere de su flexibilidad para responder a las demandas de diversas situaciones.  Por esta razón, basado en su formación y especialmente en su experiencia, debe manejarse entre distintas estrategias que le permitan conducir progresiva y efectivamente hacia el cambio

Es posible afirmar que, incluso antes de que se desarrolle el proceso de consultoría, el consultor se vale de estrategias que le permiten no solo lograr un contrato, sino ir indagando en la situación concreta que afecta a la organización, interactuando con personas claves.

El consultor, sin duda, asume un gran reto, por la complejidad que implica sumergirse en las interrelaciones existentes entre quienes conforman la organización, en la comprensión de la situación que les afecta, en lograr la participación de los involucrados, en atinar con las estrategias adecuadas para superarlas y sostener el cambio en el tiempo. Ese gran reto requiere de algunas competencias esenciales.

Referencias

  1. Audirac, C., León, V., Domínguez, A., López, M. y Puerta, I. (2013). ABC del desarrollo organizacional. Editorial Trillas.
  2. Collerette, P., y Pilles, D. (2001). La planificación del cambio. Estrategias de adaptación para las organizaciones. México: Editorial Trillas.

Sobre la autora: Aleida Escalona

Licenciada Magna Cum Laude en Educación y MC. en Psicología de la Instrucción por la Universidad Central de Venezuela. TSU en Administración: Publicidad y Mercadeo. Diseñadora instruccional con títulos de experta en Tecnología Educativa y Plataformas E-learning (FATLA). Docente universitaria y cursante de la Especialidad en Terapia Sexual y de Parejas (ISEP).