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Apuntes Psicobiológicos de la Ansiedad

Todo ser humano en algún momento de su vida ha experimentado al menos un acontecimiento que le genera ansiedad: un examen académico, una entrevista laboral, una competencia deportiva, el encuentro con una persona importante, o la preocupación ante una relación sentimental… son algunos de los eventos desencadenantes de sentimientos de aprensión. Generalmente, la ansiedad de las personas se vincula a acontecimientos futuros. Halgin y Krauss (2009) definen la ansiedad como “estado en que el individuo se muestra aprensivo, tenso y preocupado de manera desmesurada acerca de la posibilidad de que algo terrible suceda” (p.162).

¿Qué es la ansiedad desde un enfoque psicobiológico?

De acuerdo al DSM-V (2014), la ansiedad abarca una serie de trastornos clínicos que van desde el trastorno de ansiedad por separación, pasando por mutismo selectivo, la fobia específica, trastorno de ansiedad social (fobia social), trastorno de pánico, agorafobia, trastorno de ansiedad generalizada, trastornos de ansiedad inducidos por sustancias/medicamentos, trastorno de ansiedad debido a otra afección médica, hasta trastorno de ansiedad específico o no especificado. 

La respuesta ansiosa, que en algunas oportunidades puede ser considerada como parte del instinto de supervivencia, se convierte en anormal cuando su nivel de intensidad interfiere con el funcionamiento diario e independiente del sujeto. Según estimaciones de la OMS/OPS para el 2020, los trastornos de ansiedad tenían una prevalencia del 4,3% en América Latina y el Caribe. En función de ello, es de suma importancia las investigaciones científicas que puedan arrojar resultados significativos para el entendimiento etiológico en torno a este grupo de trastornos psicopatológicos, para la consiguiente intervención. 

Para Clark et al (2020); La médula espinal, el bulbo raquídeo, la protuberancia, el mesencéfalo, el diencéfalo, el cerebelo y los hemisferios cerebrales son los constituyentes del sistema nervioso central, permaneciendo recubierto por la barrera hematoencefálica, los cuales se comunican mediante el sistema nervioso autónomo o periférico con todo el cuerpo. Asimismo, la información que es captada por los órganos de los sentidos que transita desde el sistema nervioso periférico hacia el sistema nervioso central se denomina aferencias, mientras que las eferencias son las respuestas del sistema nervioso central que surgen hacia distintas partes del cuerpo mediante el sistema nervioso periférico. 

Según Gadea et al (2018), las aferencias se encuentran vinculadas con las sensaciones que captan los diferentes órganos sensoriales y que se procesarán inicialmente en las debidas áreas somatosensoriales cerebrales. Por su parte, la admisión de los estímulos captados por los sentidos al cerebro se hace con estación previa en el tálamo. Este último es una estructura valiosa que se alberga en el diencéfalo. 

Herlyn (2015) afirma que “la expresión de la ansiedad toma al cuerpo produciendo respuestas motoras, automáticas y endócrinas” (p. 2). En función de ello, esta autora asegura que la ansiedad va del orden de lo observable e incluye respuestas inconscientes; asegurando que la ruta talámica directa es por donde transita la información al complejo nuclear amigdalino, el cual generará la respuesta motora. El complejo nuclear amigdalino es una parte subcortical del sistema límbico. La amígdala es la encargada de coordinar las respuestas vinculadas a la expresión de la ansiedad. Generándose de este modo una respuesta motora que puede ser de lucha, evitativa o de huida.

 La respuesta generada por la vía talámica directa es subcortical. Esta misma autora, Herlyn (2012), asegura que el proceso de respuesta motora, común en algunos tipos de ansiedad como la generalizada o el ataque de pánico, puede resumirse como aferencia – tálamo – complejo nuclear amigdalino – eferencia; lo que corresponde a la acción sin pensamiento. 

Por su parte, según lo indicado por esta teoría, la expresión automática depende de los núcleos del tronco encefálico. Las aferencias que generan dolores llegan directamente a los núcleos del tronco encefálico. De igual modo reciben aferencias de la amígdala. La respuesta simpática genera aumento de la frecuencia cardíaca o taquicardia, percepción del latido cardíaco, aumento de la frecuencia respiratoria, de la tensión arterial y en general la activación de los núcleos protuberanciales que se vinculan con los estados de alerta o vigilia.

Por otra parte, asevera esta misma teoría, que cuando la amígdala transfiere estímulos al hipotálamo, se activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. El hipotálamo es la glándula donde se libera el CRH o factor liberador de corticotrofina, el cual impacta sobre la hipófisis.  

Apuntes psico-biológicos de la ansiedad_2

En conclusión, la psicobiología le da importancia al hipotálamo en relación al proceso de respuesta ansiosa. Igualmente, considera a la amígdala como determinante en la ansiedad. 

De igual modo, se encuentra la teoría explicada por Pacheco y Ventura (2019) que asegura que todo trastorno ansioso es activado por la respuesta ante el estrés, el cual es la manifestación del organismo a estímulos considerados como peligrosos, lo que activa el sistema simpático, liberando cortisol por la glándula adrenal. Aseguran estos autores que hay al menos cuatro sistemas de neurotransmisores involucrados en la angustia, los cuales son: el serotoninérgico, gabaérgico, dopaminérgico y noradrenérgico. Por último, aseguran que un funcionamiento perturbado del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal se ha vinculado con altos niveles de ansiedad en niños y adolescentes, así como síntomas de ansiedad por separación estarían asociados a un alto nivel de cortisol. 

Hay otra teoría que asegura que las personas con crisis de angustia poseen un exceso de norepinefrina en el cerebro, que es un neurotransmisor que se activa cuando el individuo es colocado bajo estrés o ante una situación peligrosa (Halgin y Krauss: 2019).

Otra teoría propone que las personas con trastornos de ansiedad padecen un defecto en el ácido gamma-aminobutírico (GABA), el cual posee efectos inhibidores en las neuronas. Como apoyo de esta teoría, se ha encontrado que existe evidencia de una disminución en la respuesta de los receptores de GABA en la corteza de individuos con crisis de angustia. En tal sentido, la angustia es el resultado de una baja actividad del sistema neurotransmisor del GABA. Las neuronas en las partes subcorticales del cerebro se vuelven más activas con menos GABA que las inhibidas, en personas con trastornos de ansiedad. (Halgin y Krauss: 2019).

Otra teoría que es de suma importancia para quienes nos dedicamos al campo de la salud mental es la teoría tridimensional de Lang (2008) que sugiere que la ansiedad se manifiesta según un triple sistema de respuesta: cognitivo, conductual y fisiológico. Esta última respuesta se relaciona con un incremento en la actividad de dos sistemas principalmente, el sistema nervioso autónomo y el somático, pero de igual modo como parte de la activación de la actividad neuroendocrina del sistema nervioso central.  

Al revisar el bagaje teórico neurobiológico de la ansiedad, le permite al psicólogo clínico saber la importancia del trabajo mancomunado entre el psicólogo y diferentes especialistas de la medicina, sobre todo con el psiquiatra y el neurólogo. Todo ello con la intención de mejorar la situación problemática del paciente que consulta y de su grupo familiar.

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