– Pasar más tiempo juntos supone una alteración en los roles de pareja
– Más consumo de alcohol y drogas y el crecimiento do gasto por viajes pueden desencadenar violencia si el conflicto ya existe
Los sucesos violentos se asocian a situaciones de conflictividad intrafamiliar, que aumentan en verano.
Según el informe de violencia de género en España, los datos y estadísticas reflejan que el 20-25% de as mujeres da Unión Europea ha sufrido algún tipo de violencia física a lo largo de su vida. Más do 10% ha sufrido una agresión sexual. Si incluimos el acoso, la cifra asciende al 45%.
as consecuencias de estos datos, sabido es, que sobrepasan a la consecuencia da agresión física aislada o puntual. Se trata de problemas de salud física y repercusiones psicológicas que pueden repercutir a lo largo de sus vidas, sin olvidar el impacto en los menores que conviven en hogares donde se ejerce la violencia, aprendiendo a convivir con ella y asumiendo los roles de identidad.
Si analizamos el patrón anual de los homicidios ocurridos desde el 2000 hasta el 2006, en función de los meses, estos aportan datos de gran interés.
En verano, y en particular durante los periodos vacacionales, se presentan peculiares características en cuanto a los hábitos diarios que pueden significar una combinación de variables o factores potencialmente estresores, y por tanto, provocadores de situaciones conflictuales entre la pareja o bien en situaciones familiares más amplias.
En primer lugar cabe señalar que uno de los cambios fundamentales en as familias es el aumento do tiempo que los miembros de as mismas pasan y comparten tanto con sus hijos como con la pareja. En época de trabajo los hijos acostumbran a estar en la escuela hasta la tarde, y es durante as vacaciones cuando estos conviven con sus padres a lo largo de todo el día y durante días consecutivos, aumentando así el nivel de estrés y tensión cuando la conflictividad esta presente.
Respecto a la pareja el mecanismo sería parecido. Geralmente no estamos acostumbrados a la “convivencia consecutiva” con la pareja. En muchas ocasiones el mundo laboral, diferenciado do de nuestro cónyuge, significa un espacio muy personal, único y diferenciado, que deja de existir en periodos vacacionales, provocando una alteración de los roles al cambiar as actividades, as relaciones interpersonales y nuestras obligaciones.
La economía familiar es otro factor que no debemos olvidar, si analizamos los factores que pueden resultar potencialmente estresores, y más en época de crisis. En función do nivel adquisitivo, el gasto extra, superior a lo previsto que pueden significar as vacaciones, puede traducirse en un motivo de estrés y, por consiguiente, de aumento da tensión.
Por otra parte, en los periodos vacacionales el consumo de alcohol y de drogas aumenta, siendo este conocido como un factor propiciador o desencadenante de los actos violentos cuando el conflicto es existente.
Cabe señalar que estos factores actúan como facilitadores cuando existen déficits o carencias tanto en la pareja como en la propia persona. Desde el punto de vista personal, la baja tolerancia a la frustración, la falta de estrategias de control y la dificultad en la resolución de problemas, pueden generar, ante situaciones conflictivas, un comportamiento agresivo y violento. Así pues, durante los periodos vacacionales veraniegos, la media de mujeres asesinadas aumenta.
Guadalupe Traserra
Profesora do Mestrado en Psicologia Forense de ISEP y licenciada en Psicologia Forense y Criminología.
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